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En 2026 entró en vigencia una de las actualizaciones más relevantes del sistema de riesgos del trabajo en Argentina en casi tres décadas: el nuevo baremo de evaluación de incapacidades laborales, establecido por el Decreto 549/2025.
Esta actualización reemplaza la tabla vigente desde 1996 y busca modernizar la forma en que se determina el grado de incapacidad derivado de accidentes de trabajo o enfermedades profesionales, incorporando criterios médicos más actuales y metodologías más objetivas.
Pero más allá del cambio normativo, el nuevo baremo plantea un desafío concreto para las organizaciones: cómo asegurar la trazabilidad, documentación y gestión adecuada de incidentes laborales.
Para las áreas de HSE (Health, Safety & Environment), esto implica repensar procesos, registros y sistemas de gestión.
El baremo laboral es la tabla utilizada para determinar el porcentaje de incapacidad permanente que puede sufrir un trabajador tras un accidente laboral o enfermedad profesional.
Ese porcentaje es fundamental porque impacta en:
Su objetivo es garantizar criterios uniformes, científicos y objetivos en la evaluación del daño laboral.
En la práctica, el baremo se convierte en un elemento central dentro del sistema de riesgos del trabajo, ya que conecta tres dimensiones críticas:
Por eso, cualquier actualización normativa impacta directamente en la gestión de seguridad y salud en el trabajo (SST).
La actualización impulsada por el Decreto 549/2025 introduce modificaciones estructurales en la forma de evaluar incapacidades laborales.
Entre los principales cambios se destacan los siguientes.
La tabla anterior llevaba casi 30 años en vigencia.
El nuevo instrumento busca adaptarse a los avances científicos, médicos y tecnológicos en diagnóstico y evaluación de lesiones laborales.
Esto implica una actualización de criterios médicos, metodologías de cálculo y evaluación de secuelas.
Uno de los cambios más relevantes es la incorporación de capítulos específicos para evaluar nuevas tipologías de enfermedades profesionales, entre ellos:
Estos apartados permiten evaluar de manera más precisa daños derivados de exposiciones a agentes químicos, enfermedades infecciosas o patologías vinculadas al entorno laboral.
Para muchas industrias —como minería, energía, manufactura o salud— esto representa un cambio significativo en la evaluación del daño laboral.
El nuevo baremo introduce criterios de evaluación más sistemáticos y detallados para distintos tipos de lesiones, incluyendo:
Incluso se incorporan métodos específicos de cálculo basados en la capacidad restante del trabajador, lo que permite determinar de manera más precisa la incapacidad incremental frente a nuevos siniestros.
Esto apunta a reducir la discrecionalidad en las evaluaciones médicas.
Otro punto relevante es su aplicación temporal. El nuevo baremo comenzó a regir en febrero de 2026 y se aplica a:
Esto implica que muchos expedientes en curso pueden verse alcanzados por los nuevos criterios.
Si bien el baremo es una herramienta médico-legal, sus implicancias afectan directamente la gestión operativa de las áreas de seguridad e higiene.
Principalmente en tres aspectos.
Con criterios más detallados de evaluación, la calidad de la documentación inicial del incidente cobra aún más relevancia.
Las organizaciones necesitan registrar de forma clara:
Sin esta información, los procesos de evaluación pueden volverse más complejos en instancias médicas o judiciales.
El nuevo baremo exige contar con historiales completos de salud laboral y exposición a riesgos.
Esto incluye información como:
Sin sistemas que centralicen esta información, reconstruir los antecedentes puede ser difícil o incluso imposible.
Los cambios también exigen una mayor coordinación entre distintas áreas:
La gestión de incidentes ya no es solo una cuestión operativa: también es una cuestión de trazabilidad documental y cumplimiento normativo.
Frente a este nuevo contexto regulatorio, las empresas pueden fortalecer su gestión preventiva mediante tres acciones clave.
Las herramientas digitales permiten centralizar la información crítica vinculada a la seguridad laboral:
Un software de seguridad y salud en el trabajo (software SST) permite estructurar estos procesos y facilitar el acceso a información cuando es requerida.
La trazabilidad es uno de los elementos más críticos en cualquier proceso pericial.
Contar con registros digitales permite reconstruir fácilmente:
Esto reduce riesgos legales y mejora la gestión preventiva.
Un software HSE permite conectar información clave en un mismo entorno:
Esta integración facilita el análisis de datos y mejora la capacidad de prevención.
El nuevo baremo de incapacidades 2026 marca una evolución en el sistema de riesgos del trabajo en Argentina.
Pero también deja en evidencia una realidad: la gestión de seguridad laboral ya no puede depender de planillas dispersas o registros aislados. La trazabilidad, la evidencia documental y el acceso rápido a la información son cada vez más determinantes en la gestión de incidentes.
En este contexto, las organizaciones que avanzan hacia sistemas digitales de gestión HSE no solo mejoran su cumplimiento normativo, sino que también fortalecen su capacidad de prevención. Porque cuando ocurre un incidente, la información correcta en el momento adecuado puede marcar la diferencia.